Me plantearon una acusación que suena fuerte, pero que muchas veces se usa como arma política: que Somos Perú estaría viendo al Estado como un botín y que habría un supuesto “copamiento”. Yo lo descarté de lleno, porque cuando se instala una etiqueta sin precisión, se rompe algo más grande que un debate televisivo, se rompe la posibilidad de avanzar con seriedad.
La familia somista está compuesta por gente común, jóvenes, dirigentes, militantes y simpatizantes que creen que el Perú puede funcionar mejor. Y cuando esa familia se organiza y empieza a tener presencia, aparecen ataques. Algunos son legítimos y se responden con información, otros son insinuaciones diseñadas para sembrar desconfianza. En ambos casos, uno no puede quedarse callado. Defenderse es necesario para seguir trabajando, porque si no se responde, la mentira se vuelve “verdad” por repetición, y ahí perdemos todos.
El “copamiento” como etiqueta
En la entrevista, el punto de partida fue claro, un reportaje que menciona 12 personas vinculadas a Somos Perú con órdenes de servicio, y de inmediato se lanza la idea de que el aparato público sería un botín. Mi respuesta fue simple: con esos datos, no se puede hablar de “tomar un ministerio” ni de “copamiento” como si estuviéramos frente a una captura del Estado.
¿Por qué lo digo con tanta firmeza? Porque una cosa es preguntar, fiscalizar o exigir transparencia, y otra muy distinta es condenar por adelantado con una palabra que suena escandalosa. En el mismo intercambio se recordó que el partido tiene una base enorme de jóvenes que llaman “guerreros somistas”. Si un partido tiene decenas de miles de afiliados y se mencionan 12 casos puntuales, el debate serio no se arma con etiquetas; se arma revisando qué contrataciones son, bajo qué condiciones y con qué sustento.
Cuando no se hace esa distinción, el daño es doble. Primero, se confunde a la ciudadanía. Segundo, se instala una lógica peligrosa: que organizarse políticamente es sospechoso. Y eso, en un país que necesita reconstruir confianza, es dinamita.
Órdenes de servicio
En el programa expliqué algo que parece técnico, pero es clave. La orden de servicio es un vínculo contractual civil, no un vínculo laboral clásico. Se usa para contratar una función específica, con requisitos mínimos definidos en términos de referencia. Eso no lo dije para “escapar” del tema; lo dije porque, si vamos a discutir, hay que hacerlo con precisión.
También se discutió si una persona tenía o no Registro Nacional de Proveedores y si eso “demostraba” que le armaron el puesto. Mi respuesta fue legal y concreta: se mencionó que para contrataciones menores a una UIT no se requiere ese registro, y que eso está previsto en la normativa de contrataciones. Lo que quiero subrayar es esto: si alguien quiere cuestionar un caso, que lo cuestione con expediente y requisitos, no con insinuaciones generales.
No acepto que militar sea un pecado
Hubo una parte del diálogo que, para mí, es el centro de todo esto. Se quiso dejar la idea de que, por ser militantes, estas personas no deberían estar ahí. Yo lo dije con claridad, no podemos estigmatizar a quien se afilia a una organización política. Porque si empezamos a tratar la militancia como una carga, como una mancha o como algo que te resta, entonces estamos diciendo que el partido, que es la organización política, no tendría razón de ser. Y eso no tiene sentido.
Además, también lo dije sin rodeos, el Estado no debería ser una agencia de empleo. En eso coincido plenamente. El Estado necesita a los mejores. Sin embargo, una cosa es exigir idoneidad y otra muy distinta es condenar a alguien solo por pertenecer a un partido. En el programa lo expliqué desde algo simple: hay muchachos jóvenes, de 23 o 25 años, que tienen derecho al menos a intentar salir adelante y a buscar oportunidades, sin que se les trate como sospechosos únicamente por participar políticamente.
Por último, hay un punto que no se puede ignorar. Los partidos también capacitan a sus bases. En Somos Perú se dan charlas, se forma gente y se trabaja con jóvenes que apoyan casos sociales. Por eso, cuando alguien intenta instalar la idea de que por militar ya estás descalificado, lo que hace es empujar a que la política se quede sin cuadros, sin jóvenes y sin participación. Y eso, al final, no le hace daño a un partido, le hace daño al país.
Defendernos para seguir avanzando
Al final, el tema no es si a alguien le genera suspicacia. La suspicacia existe y se entiende. El tema es cómo respondemos a esa suspicacia. Yo lo hice con tres ideas muy concretas en la entrevista, primero, no es correcto decir que “Somos Perú tomó un ministerio” solo porque se mencionan órdenes de servicio; segundo, las órdenes de servicio no son cargos directivos ni de confianza; tercero, si hay dudas reales, que se investigue caso por caso y con estándar para todos.
Incluso se habló de otro asunto mediático: visitas al despacho y posteriores contratos. Ahí también fui claro: si el cuestionamiento es válido, que se investigue, y yo no voy a inventar perfiles ni defender lo que no conozco. Esa es, justamente, la línea que debe seguirse si queremos limpiar la política: no tapar, pero tampoco generalizar para golpear a un partido entero.
La familia somista no está para vivir del pleito. Está para trabajar por el Perú. Pero para trabajar, a veces hay que defenderse, porque el ataque busca paralizar, dividir y manchar. Yo no voy a entrar en el juego del escándalo, pero tampoco voy a permitir que se use una palabra como “copamiento” para convertir a miles de militantes en sospechosos.
Mi postura es simple, transparencia, investigación donde corresponda, meritocracia real y respeto por la participación política. Si sostenemos eso, avanzamos. Si nos dejamos llevar por etiquetas y ataques, el Perú se queda en el mismo sitio. Y yo, sinceramente, no estoy en esto para que el país se quede quieto.


